Lo cotidiano se vuelve mágico
Silvia Bergandi
“lo cotidiano se vuelve mágico”
cantó Mercedes Sosa
Dedico este texto a mi tribu familiar
ya que sin ellos no estaría donde estoy:
Diana, Mi Mamá. Pablo, Mi papá.
Y a mis queridos tíos:
Horacio, Claudio y Mirta.
Conexión
Una pulsión interna me empujaba a ir a sentarme al lado de cualquier tumba… no era importante que cuerpo yacía a mis pies, un metro bajo tierra… Pero tenía la imperiosa necesidad de estar allí… en calma, cerrar los ojos, sentir el sol, silencio, paz, mi latido y sólo irme… ¿a otro plano? No se… pero la sensación era de entrar a otra dimensión, de irme un ratito. Los colores bailaban en mi percepción con los ojos físicos cerrados pero con el tercer ojo plenamente en conexión… los ruidos se alejaban y se perdían… el tiempo no era, no me condicionaba. Todo era calma, era sin ser…
Vivía en Grand Bourg, localidad que linda con José C. Paz en el conurbano bonaerense, a una cuadra y media del cementerio “Parque Jardín”, tenía 15 años… entrar al cementerio por el portón principal y salir por una puerta secundaria dos cuadras más al fondo era el camino que elegía hacer todos los días para ir a la escuela.. Y muchas veces me detenía para entrar en ese maravilloso estado meditativo.
Con esta escena tan íntima y personal doy comienzo a mi relato en un intento de dar testimonio de una forma de vivir la espiritualidad como herramienta de cambio tanto individual como colectivo, sabiéndome parte del todo y de la comunidad de la cuál soy parte.
Entiendo que somos seres espirituales, almas que venimos a la tierra para transitar determinadas experiencias como seres humanos, con un cuerpo físico. Cada situación, por adversa que parezca, es una situación de aprendizaje, necesaria para avanzar en el camino evolutivo de cada uno.
Entiendo que no por percibirnos como conciencias, además de un cuerpo físico, hay que quitarle importancia a nuestra permanencia en este espacio – tiempo aquí y ahora. Comprendo que es fundamental estar enraizados en la tierra, en la comunidad en la que debemos desenvolvernos ya que aquí estamos con una finalidad. El espacio tiempo que habitamos es el planeta tierra, es la pacha mama, es la comunidad de la cual formamos parte, es la familia, el grupo de amigos, el barrio, la cultura en la cual crecimos, las circunstancias que nos definen, que nos construyen, con las cuales interactuamos inevitablemente. Es el momento histórico, político, socioeconómico con su historia, con sus claros y oscuros.
Entiendo que estamos en un espacio tiempo en el cual las reglas del juego económico se encuentran bajo el paradigma capitalista – patriarcal el cual está regido por un fuerte individualismo y el poder hegemónico esta ejercido por una clase dominante.
Hoy soy terapeuta floral, me estoy formando como tanatóloga y alimento mi espiritualidad a través del camino ancestral.
Hoy, la conexión es a través del altar chamánico, y es realizando la ceremonia de la siete direcciones, que es un rezo, un dialogo desde el corazón, es ritualizar con los guardianes de los cuatro elementos como guía. Es intencionada, es consciente, es deseada.
Una sahumadora en el centro. Un gesto hacia la Madre Tierra, hacia el Padre Cielo
Al sur semillas, el propósito, su potencial, mi potencial.
Al oeste, agua, fluir sin resistencia, armonía, desapego, limpieza, purificación, equilibrio emocional.
Al norte plumas, claridad de pensamiento, intuición, comunicación asertiva, canalización.
Al este piedras, el abuelo fuego, coraje, temple, trasmutación, acción.
Inhalaciones profundas, respiración consciente… Prender un carbón, echar hierbas, humo que asciende inventando formas y comienza la ceremonia… Levantar la sahumadora, moverla en círculo cuatro veces abriendo un campo energético, intencionar mí propósito, ofrecerla al Padre Cielo: me acerco a él, me conecto, lo siento… luego a la Madre Tierra: mi sostén, agradezco, me abraza, la abrazo. Y a mi ser interior, mi esencia: me reconozco, me asumo, me empodero, se quién soy, se de dónde vengo, se adónde voy.
Y Así es como lo cotidiano se vuelve mágico…
Ritualizar, según enseñanzas de Nicolás Pauccar Calcina, chaman de la cultura Q´ero1, es acceder al plano simbólico y al plano energético para que se manifieste el propósito en el plano físico. Lo explica de una forma tan sencilla, la sonrisa permanente y la mirada picara, trasmite sus misteriosos conocimientos con mucha simpleza y humildad, dice que está al alcance de quién lo desee, sólo es cuestión de práctica. Es también establecer un diálogo con los seres del plano sutil, abrir la percepción y comprender las respuestas que se manifiestan.
Así como mencioné a Nicolás Pauccar deseo mencionar a Moira Millán2, weichafe mapuche, guerrera y guardiana del territorio, impulsora del Movimiento del Buen Vivir, a través de su acción intenta poner en diálogo la sabiduría de los pueblos originarios y su forma de habitar el planeta, aportando a la crisis civilizatoria, denunciando el modelo capitalista como extractivista y depredador, a las consecuencias de la mega minería y al fomento de la discriminación y desigualdad. Propone una relación circular y armoniosa con la Mapu (Madre Tierra) y una relación de reciprocidad entre los pueblos. Todo esto sosteniéndose en el poder que le otorga la espiritualidad mapuche y el conocimiento sagrado de su pueblo.
Nicolás Pauccar como chamán, sanador, trasmisor de sus conocimientos ancestrales y Moira como guardiana del territorio, guerrera denunciando al sistema y al terricidio, ambos construyendo alternativas, proponiendo nuevas formas auténticas de habitar este plano aquí y ahora, ambos sosteniéndose en el poder de su espiritualidad ancestral.
Mi tribu familiar: sus relatos
Crecí escuchando relatos apasionados y nostálgicos de la militancia setentista, de una época en la que la acción política era lo central en las vidas de mis padres, y el riesgo que corrían era aceptado en pos de una sociedad más justa e igualitaria. El Hombre Nuevo era la motivación. La mirada anti capitalista era central: sus relatos eran fuertemente anti burguesía, burguesía como sinónimo de explotación. Privilegios y pobreza como consecuencia de un sistema basado en la desigualdad de oportunidades… por momentos, aparecía la carencia económica como una virtud, en sus palabras había cierto orgulloso de ello y, desde un plano inconsciente tal vez, se podía percibir una especie de rechazo a todo tipo de posibilidad de mejoría económica porque nos acercaba al enemigo.
Amé y amo esos relatos que tienen, para mí, aroma a familia, a compromiso, a convicciones, a una causa justa en pos de todos con un gran sentido humanitario. Aunque debo reconocer que hoy le di una vuelta de tuerca a esta concepción que de alguna manera y de forma sutil me han limitado en algunos aspectos.
Pablo, es mi papá. Testigo y protagonista de movimientos y pensamientos políticos cruciales de nuestra historia reciente, ¡su historia de vida no tiene desperdicio! ¡Me gusta poder honrarlo en este relato!!
Él vivió y aún vive, con un espíritu de gran entrega hacia las causas que considera justas.
Su vida comenzó en 1944 en Mazzé, un pueblito del norte de Italia, en un establo en el cuál nuestra familia se refugiaba ante los bombardeos de los norteamericanos y alemanes que peleaban por ocupar el territorio partisano, así en ese contexto de finales de segunda guerra mundial nació en medio de la violencia más descarnada de la necedad humana.
Ya terminada la guerra, mis abuelos decidieron buscar mejores condiciones de vida en Argentina, se embarcaron y lograron abrir un almacén en el barrio porteño de San Cristóbal.
Gina y Pino, el nono y la nona, católicos conservadores y muy antiperonistas, le dieron a sus 4 hijos una educación muy severa, sumamente estricta y austera, iban a la iglesia de San Cristóbal donde mi papá comenzó a percibir, sin entender bien por qué, un rechazo hacia la juventud de la “Alianza Libertadora Nacionalista” que se veía asiduamente en la iglesia.
La rigidez de mis abuelos y la creciente inquietud que le generaba la desigualdad social hicieron que a los 16 años tomara la decisión de ingresar al seminario franciscano de Moreno, Pcia de Bs As, creyendo que allí encontraría la posibilidad de encausar su vocación social. Tomó los votos de pobreza, castidad y obediencia.
Motivado por la necesidad de vivir de acuerdo a la palabra de Jesús desde lo más genuino de su entendimiento, comulgó con el movimiento de curas tercermundistas, motivo por el cual la curia eclesiástica lo envió a Italia a continuar con sus estudios intentando desmembrar la unidad que convocaba a los seminaristas que entendía la palabra de Jesús como una forma de justicia, de amor al prójimo, de buscar la igualdad, de militancia, de política.
Tuvo una estrecha amistad con Carlos Murias3, quién bautizó a mi hermana en una capilla del Tigre, en la provincia de Bs As, y al año siguiente fue víctima del terrorismo de estado. Compartían charlas, ideas, sueños, convicciones, sentires, que lo animaban a pensar que desde la labor eclesiástica podía realizar sus ideales, pero, llegó el día en que mi papá no podía concebir ser consecuente con sus ideas desde los privilegios y abundancias de la comodidad material que le brindaba el pertenecer al cuerpo eclesiástico.
Al regresar de Italia, desobedeciendo la voluntad de sus superiores, no era recibido en ningún seminario para poder concluir con sus estudios, así que finalmente decide dejar el camino religioso y fue a convivir con un grupo de cristianos laicos que habían conformado una comunidad en el obraje hachero de Fortín Olmos4, al norte de Santa Fe, experiencia que lo marcaría e iría definiendo los próximos pasos… El siguiente seria formar parte del grupo Cristo y La Revolución y luego ingresar a Montoneros.
Mi mamá, Diana, impulsiva, rebelde, creativa, solidaria, hija de padre albañil amante de la lectura y de pensamiento socialista y madre costurera, correntina.
En los relatos de mi mamá, había un orgullo especial al contar que tenía un tartara abuelo que había sido un cacique en el norte de Corrientes, tal vez guaraní, tal vez churrúa, que según el relato dormía bajo las estrellas.
Mis abuelos fueron fundadores del barrio San Cayetano Rodríguez en Carupá, Tigre. Fundaron la sociedad de fomento junto a los primeros habitantes de esa zona. Estudió enfermería y trabajando en la cruz roja y en el hospital Ramos Mejía conoció a mi papá.
En pocos meses se casaron y juntos, decidieron adherir al movimiento de Montoneros desde el 70 al 75, e ingresar a la clandestinidad.
Me consta por la intensidad de sus relatos vigentes treinta años después, y aún hoy que sólo queda mi papá volcando en papel su testimonio de todo lo vivido, que dieron todo de sí por una causa justa, por la igualdad de oportunidades, creyendo en un movimiento político, creyendo en la revolución, y en que en el contexto de los 70 no había otra opción más que tomar el camino de la lucha armada como medio para poder hacerle lugar al Hombre Nuevo.
Los manejos de la dirigencia de montoneros, el asesinato de Rucci y el nacimiento de mi hermana fueron las causas de su alejamiento del movimiento.
Dejar la militancia implicaba dejar la clandestinidad en la que habían vivido varios años, La reinserción laboral no era cosa sencilla. Llamados telefónicos anónimos, un seguimiento silencioso a mi abuela, una requisa de civiles en la casa y la desaparición de varios amigos marcaban que continuar aquí no iba a ser cosa simple así que decidieron que lo mejor era intentar comenzar de nuevo en Italia y allá fuimos, ya siendo familia, ya habiendo nacido mi hermana y yo.
La estadía en Italia duró diez años, en los cuales el malestar por el desarraigo que sufrió mi mamá no cesaba. El exilio forzado por la circunstancia que sufrían las personas que habían adherido a un movimiento político clandestino eran muy duras de sobrellevar ya que no era parte de su ideal, no era su deseo vivir en el primer mundo sin poder compartir los sucesos de nuestro país ni de los acontecimientos familiares como nacimiento de sobrinos, cumpleaños etc.… los lazos con los seres queridos eran profundos y el dolor por no poder estar cerca se fue acrecentando.
Aún recibían llamados anónimos que les hacían saber que seguían marcados, qué sabían dónde estaban. Algún encuentro fortuito con ex compañeros de militancia, miradas cruzadas sin poder emitir palabra, petrificados por el terror y la incertidumbre eran eventos perturbadores. Todo seguía allí a pesar de la distancia y del tiempo.
Así, en 1990 volvíamos a pesar de que los pronósticos económicos no eran nada alentadores luego de la inflación del 89. Además como a muchos les pasó, creyeron en el caudillo que se proponía como líder popular.
Volvíamos a nuestro hogar, nuestras raíces, nuestra identidad, nuestra historia y eso era lo importante. Así lo sentía yo a pesar de lo doloroso que era dejar a mis amigos con los cuales me había criado y de mis cortos 14 años.
Grand Bourg, sería la localidad en la cual comenzaríamos la nueva etapa. Un barrio de trabajadores humildes, pocas calles asfaltadas, chalecitos que habían sido de fines de semana se mezclaban con casillas de madera habitadas por familias hacinadas. Bastante verde, árboles y plantas hacían que el paisaje fuera más bello. A una cuadra y media, camino a la escuela, estaba el Cementerio Parque Jardín, camino que yo recorría todos los días.
La crisis económica de los 90 golpeó duro a mi adolescencia recién llegada del primer mundo, una escuela de barrio con todas las carencias posibles, ropa, la estrictamente necesaria, salidas por diversión y viajes de vacaciones familiares no eran lujos posibles… mi papá a sus casi 50 años sólo conseguía trabajo como personal de vigilancia en barrios privados con sueldos que estaban por debajo de la línea de pobreza. La flexibilización laboral de Menem puso las cosas más difíciles aún y a pesar de eso mi mamá intentaba poner un comedor comunitario en casa para compartir lo poco que había con los niños del barrio que tenían condiciones más duras que las nuestras.
Desde mi infancia, en las sobremesas siempre estaban presentes los relatos de la militancia: anécdotas, recuerdos, vacíos. Los lazos perdidos que la clandestinidad y el miedo no permitieron seguir cultivando. Dudas, ausencias, angustia, nostalgia y el orgullo por haberlo intentado. Amargura por no haber llegado a cumplir con todo… la sensación de que el camino quedó a medio recorrer… y la posta, la posta que debíamos tomar las nuevas generaciones…
Buscando caminos…
En la adolescencia milité, acompañada por la poesía de Mario Benedetti, en el ámbito estudiantil: en intentos por formar el centro de estudiante, en movilizaciones contra de la ley federal de educación, en alguna queja porque las mujeres teníamos que usar guardapolvo y los varones no.
Mi militancia fue barrial: en asentamientos populares, en merenderos, dando apoyo escolar o algunos talleres. Participando de grupos de estudio y debates en los que se compartían textos marxistas. Fue en grupo, poniéndonos un nombre que nos identifique para firmar folletos en los que expresábamos nuestro confuso sentir. Fue yendo a la Plaza los 24 de marzo…
Una etapa hermosa, profunda, sincera, de emociones intensas, de tristezas y crisis existenciales ligadas a la desigualdad social y a la pobreza que yo misma vivía.
Mientras eso acontecía, esa pulsión interna me empujaba a aislarme un poquito de los demás… entonces venían esos momentos en el cementerio, donde mi ser más primitivo e instintivo me llevaban a un encuentro espiritual inconsciente pero absolutamente necesario.
Mis crisis existenciales me llevaron a preguntarme ¿qué sentido tiene todo esto? ¿Para qué vivimos? ¿Qué es la muerte?
Períodos de búsqueda espiritual, (con mi mamá siguiéndome de cerca por miedo a que termine en una secta) acercándome a los Rosa Cruz, los espiritistas, videntes, encuentros de meditaciones, experiencias intuitivas y premoniciones se fueron alternando con períodos de militancia y de formación profesional en el campo de las ciencias sociales. Comencé la carrera de trabajo social que por diferentes cuestiones tuve que dejar y terminé recibiéndome de profesora de historia.
Mis estudios formales me acercaron más aún a una mirada de base marxista de la sociedad dándole sustento a los relatos de mi familia.
Valiosos autores, como por ejemplo Louis Althusser quién me aportó los conceptos de Aparatos Ideológicos y Aparatos Represivos del Estado para explicar cómo el poder dominante se sirve de las instituciones educativas, religiosas, militares entre otras para reproducir las condiciones de producción y las relaciones de producción existentes.
Antonio Gramsci con la idea del Sentido Común y Núcleo del buen Sentido como contrapartida al Poder Hegemónico visualizando como los opresores se esfuerzan por impedir que los oprimidos tomen consciencia de su situación creando un sentido común teñido de una mirada a favor de su propia explotación, en el núcleo del buen sentido reside, en cambio, aquella parte del sentido común que resiste la invasión de la hegemonía.
Y el rol de los Intelectuales como grupo orgánico a su clase social, Gramsci realiza una fuerte crítica a los intelectuales que son funcionales al poder hegemónico analizando inclusive su origen ligado al sector eclesiástico. En sus escritos incita la formación de intelectuales orgánicos de los sectores populares para que asuman su papel en el proceso revolucionario.
Paul Freire trayendo el concepto de Educación Popular como Praxis Transformadora de los oprimidos y la teoría de la liberación.
Estas lecturas tomaron fuerza y empezó mi labor como profesora en escuelas públicas, intentando que mi propia práctica sea transformadora.
Polo +, Polo -: dicotomías
Considero sumamente valiosa toda esta formación, sin embargo, algo no estaba completo en mi…
Postergué el cultivo de mi espiritualidad… me dediqué a la actividad docente desde una mirada política y social, pero negué mi necesidad de indagar en el campo esotérico, en mi misma, como si las dos cosas no pudieran ir juntas.
Mi infancia en Italia estuvo marcada por el catolicismo dogmático y tradicional. Era parte obligada de la vida cotidiana. En la escuela y en la comunidad. Había que tomar la comunión, hacer catequesis, la confirmación, confesarse los sábados y los domingos comulgar en la misa, pero no había un sentido profundo ni una comprensión de esas prácticas. Eran impuestas socialmente y no había espacio al cuestionamiento, ni una búsqueda de autoconocimiento, ni una interpretación clara de cada ritual con un sentido evolutivo.
Si bien mis padres no participaban en absoluto, ni me obligaban a realizarlas, era la misma dinámica de la comunidad la que me llevó a cumplir con esas actividades y a formarme una idea de un dios castigador y un Jesús manipulador. El pecado y la culpa a la orden del día, por suerte, contándole todos mis pecados al cura y rezando unos cuantos Padre Nuestro y Ave María, podía conseguir el perdón y los domingos podía tomar la comunión.
Como forma de oponerme a esta interpretación asumí una postura contraria, dejé de ir a la iglesia totalmente y me autodefiní agnóstica, años después, a partir de mi formación en ciencias sociales asumí que “las religiones son el opio de los pueblos!!” y asumía que religión y espiritualidad son lo mismo.
Trascender la dicotomía
Pasó mucho tiempo y un largo camino de experiencias y trabajo interno hasta que pude repensarme, revisar los conceptos y creencias que había asumido como verdades incuestionables a partir de mi formación profesional y los relatos de mi familia, mi tribu.
Peregriné por las entrañas de América Latina, que son mis propias entrañas!! Viajé y recorrí lugares en los cuales conecté y vibré en mi esencia, como al navegar sobre el lago Titicaca. Medité en Samana Wasi, Urubamba, localidad del Valle Sagrado de los Incas, conocía a Antón Ponce de León Pavia5, fundador perteneciente a la Hermandad Solar, respiré y seguí mi intuición…
Después busqué guías, maestras:
“Elevá tu vibración y después decidí” me indicó Norah.
“¡¡Dejá los manuales, sé auténtica!!” me dijo Paola.
“Integridad y coherencia” me guió Valeria.
“Saywa, la que guía” me nombraron Marita y Marcela al dar mis primeros paso en el camino ancestral.
Comencé el estudio de la Terapia de Flores de Bach, y ahora en técnicas de sanaciones chamánicas.
¡Entonces comencé a entender! El trabajo es trascender las polaridades, lo que se me presenta en este plano como dicotomía: Ciencia o Religión. Militancia Política o Espiritualidad. Trascender las sombras e integrarlas. Trascender las barreras ideológicas que me alejaban de la espiritualidad y trascender el dogmatismo impuesto por la educación católica: un doble desafío.
Cuestionar mi clan, mi tribu familiar para forjar mi propia identidad, pero rescatando lo más puro de sus experiencias. Trabajo mucho conmigo misma para reconocer mi propia voz y poder expresarla. Mi esencia. Y es todos los días.
Empecé a integrar y a vivir la espiritualidad como una acción política ya que es una herramienta para llegar a un fin que muy bien y poéticamente expresa Viglietti:
Si no poquito un cambio mi duda, mi acaso,
¿cómo cambiar más tarde el beso, el abrazo?
Si no cambito un poco mis cauces, mis fuentes,
¿cómo he de cambiar fuera lo mío en la gente?
Si no cambio un muchito mis odios, mis miedos,
Si no abro mi ternura me vuelvo de hielo.
Si no muchito un cambio mi cuerda, mi acorde,
¿cómo cantar lo nuevo, lo izquierdo, lo borde?
Mucho, poquito, nada
cantó Daniel Viglietti
y ahí empezó a cerrar todo para mí y a mi manera, empecé a sanar mi linaje, empecé a experimentar la plenitud y me reconocí. Y en ese camino estoy…
Algunas Reflexiones
La conexión con nuestra dimensión espiritual no nos salva a modo de recompensa por ser buenos feligreses!! No!! No tiene que ver con cuantos padres nuestros rezamos ni a cuantas ceremonias chamánicas asistimos. A mi criterio, espiritualidad puede ser devoción a entidades superiores pero cobra sentido evolutivo si la tomo como herramienta de auto conocimiento, observación e interpretación de mi propia experiencia terrenal. Y esta interpretación se puede extender al análisis colectivo, en términos humanitario abarcando la dimensión social y política.
Tiene que ver con cuan responsables nos hacemos de nuestras acciones, de nuestros pensamientos, de las vibraciones que emitimos: eso nos hace Libres. Nos hace coherentes si asumimos que somos cuerpo, mente, espíritu y tenemos un propósito que va más allá de formar una familia, tener un trabajo y mirar el partido del domingo…
Caroline Myss, en “Anatomía del Espíritu” explica el simbolismo del segundo chakra haciendo referencia a la importancia de asumir qué nos motiva a elegir lo que elegimos, si son creencias dogmáticas, miedos o el deseo profundo de nuestro ser… tener claro cuál es la motivación de nuestras elecciones hará la diferencia en el resultado.
La misma autora plantea la diferencia entre una experiencia religiosa y una experiencia espiritual: “la primera es una experiencia colectiva, cuya principal finalidad es proteger al grupo, en especial de las amenazas físicas, enfermedad, pobreza, muerte, crisis sociales e incluso la guerra. La religión tiene sus raíces en las energías del primer chakra. En la conexión con lo tribal. La espiritualidad, por su parte, es una experiencia individual orientada a liberarnos de los miedos del mundo físico y buscar una relación con lo divino. La verdad sagrada de este chakra es: Vive en el momento presente” y se relaciona con el séptimo chakra.
A partir de estas ideas, entiendo en primer lugar que religión y espiritualidad no son lo mismo, no se necesita ser parte de una religión e institución para cultivar una espiritualidad, en segundo lugar esta última trasciende y supera la experiencia religiosa. La tribu a la cuál pertenecemos nos protege y mantiene a salvo, pero si las prácticas que en ella se sostienen limitan el crecimiento individual, la tarea es trascender ese vínculo y las creencias y lealtades que en ella se sostienen.
Ahora bien, ¿En qué sentido la espiritualidad puede ser contra hegemónica?
Vivir una búsqueda espiritual desde la cosmovisión de las culturas originarias, implica tomar una posición política, siendo consciente o no, pero lo cierto es que en ella encontramos una interpretación de la existencia a favor de la vida, de la reciprocidad con la Madre Tierra y entre los pueblos y esto se opone a la lógica del mercado.
Una mujer medicina, por el simple hecho de ofrecer un método de sanación que está por fuera del sistema médico ortodoxo, implica una crítica al sistema capitalista, le quita fuerza al modelo económico basado en la cohesión, en el mercado y la alienación.
Intentar vivir en comunión y unicidad con la Madre Tierra, saber que la medicina está en ella y en nosotros, en esa conexión, que tenemos un gran potencial de auto sanación, que el poder real está en las decisiones que tomemos, todo esto hace a una postura contra hegemónica, porque ubica el poder adentro nuestro, no afuera, nos hace independientes, nos empodera.
En diferentes períodos de la historia el sector dominante utilizó distintas estrategias para sostener el control y servirse de las religiones a tal fin: Por eso la inquisición, la quema de brujas, persecuciones a los herejes. Por eso la evangelización forzada de las culturas originarias. Por eso sacarle a la biblia la parte esotérica y, al evangelio, la acción política de Jesús. Por eso, nombrar a María Magdalena como prostituta. Vaciar de sentido toda religión y utilizarla como herramienta de dominación. Los rituales religiosos se volvieron fiestas consumistas sin ningún sentido.
Entonces puedo decir que lo contra hegemónico, desde una visión gramsciana, está en trascender el sentido común hegemonizado que circula en las instituciones religiosas para lograr la conexión espiritual propia desde núcleo del buen sentido.
Llegando a este punto del análisis me surgen algunos otros interrogantes que me inquietan un poco pero seguramente posibilitan nuevos debates.
¿Espiritualidad cómo acción contra hegemónica o cómo acción que trasciende la dicotomía hegemonía – contra hegemonía?
¿Chamanismo cómo forma de resistencia o cómo sabiduría sagrada al servicio de toda la humanidad para su evolución?
¿Cuán importante es enmarcar la espiritualidad en un movimiento contra hegemónico?
¿Será que necesito ubicarlo de esta manera para no romper con mi tribu de origen? ¿o debo entenderlo de esta manera porque realmente es así y en todo caso es un estadio en el proceso evolutivo de la humanidad hasta trascenderlo?
Preguntas que seguramente conllevan crecimiento…
Llegar a tener una mirada objetiva de las experiencias que transitamos, una visón simbólica, nos permite comprender el para qué se nos presentan determinadas situaciones, tanto a nivel individual como colectivo. Las estructuras de este sistema económico están en crisis, se están derrumbando. Yo creo que es importante comprender este proceso desde una mirada holística, ver este tránsito como una etapa dentro del largo recorrido evolutivo de la humanidad.
En mi caso, vivir la espiritualidad me llevó a la acción de esta manera: ofrecer herramientas de autoconocimiento y sanación, crear mi propio espacio que se llama “Espacio Saywa”.
Si bien es un camino que recién empieza, hoy, siento que mi tarea es aprender acompañando a las personas que desean realizar un proceso de autoconocimiento holístico, integrando mente, cuerpo, espíritu, que están intentando tomar las riendas de sus vidas y romper con lo establecido por otros, por creencia, por educación, por la cultura hegemónica que nos limita y nos reduce a consumidores carentes de decisiones propias.
En este sentido, me gusta tener presente la propuesta freiriana que nos invita a revisar nuestra praxis para que realmente sea transformadora.
Mi espacio de acción es también mi hogar, mi Casa que es Mi Templo. Mi ser mamá de dos niñas a las que intento enseñar a vivir en coherencia.
Es la escuela pública, por elección, ser docente de Historia y Construcción de la Ciudadanía, donde el trabajo es cuestionar esquemas, conectar con nuestra esencia, transmitir confianza, empoderar, construir nuevos pensamientos, sostener, acompañar las adolescencias sabiendo que el sistema educativo también se tiene que transformar.
Mis herramientas son las flores de Bach, el cuenco de cuarzo, la Terapia de respuesta espiritual, las ceremonias ancestrales, la conexión con la Madre Tierra. Mi objetivo: intentar ser un anclaje de luz, seguir preparándome para acompañar a quién desee armonizarse y sanar para evolucionar. Ser feliz y vivir sin que el miedo me paralice y disfrutar a pleno de la experiencia en la tierra. Seguir aprendiendo, Mucho. Siempre…
A veces, me vuelvo a sentir como una balsa en el océano pero aprendí como volver a mi eje, empoderarme nuevamente y, si me olvido o no encuentro la brújula, tengo grandes Maestros, que me recuerdan los grandes saberes.
Tan simple como este relato.
Así es el proceso a través del cual intento hacerme cargo de mi potencial y desarrollarlo para ponerlo al servicio de la Evolución / Revolución.
Entonces. ¿Puede ser la espiritualidad una herramienta política? Mi respuesta es sí, y muy poderosa, pero también la trasciende porque quién logre manejar las leyes espirituales no tiene barreras, está alineado a la voluntad divina, trasciende el juego de la ilusión y la manipulación política. Es libre porque no le teme ni a la muerte.
- La Cultura Q’ero es conocida como el último Ayllu inca, Se ubica a 5000 mtrs de altura en los Andes peruanos. Nicolás Pauccar Calcina es descendiente de una larga tradición de Sacerdotes Andinos denominados Paqos, recibió la enseñanza del linaje de sus ancestros, guardianes del conocimiento de los Andes llamados Missayuqkuna. Aprendió el idioma español para poder generar un puente de intercambio entre su cultura y la cultura occidental.
- Movimiento del Buen Vivir: organización creado en el 2013 con el objetivo de visibilizar las cuerpas-territorios, la cosmovisión, identidades y derechos de las mujeres indígenas. Se autodefinen como un grupo instituyente para amplificar derechos. Se enuncian políticamente desde su propia identidad ancestral, su cosmogonía. Son un movimiento beligerante. En marzo de 2021 propusieron una Caminata contra el Terricidio. Facebook: movimiento de mujeres indígenas por el Buen Vivir.
- Carlos de dios Murias: fue un fraile franciscano argentino secuestrado, torturado y asesinado junto a Gabriel Longueville en Chamical (La Rioja) por la última dictadura cívico, clericó militar argentina el 18 de Julio de 1976. Ambos reconocidos cómo mártires y beatificados junto al obispo riojano Enrique Angelelli el 27 de abril de 2019.
- Fortín Olmos: pequeño poblado ubicado en el norte de Santa Fe donde se había ubicado una Congregación de los Hermanitos de Foucault quienes, ante la precaria situación de los hacheros del lugar crearon una cooperativa con el objetivo que los obreros pudieran comprar una parcela de tierra fiscal para hacer agricultura.
- Antón Ponce de León Paiva: escritor y conferencista internacional, metafísico y terapeuta psicofísico de la cultura Andina. Fundador de la casa para huérfanos y ancianos Samana Wasi en Urubamba. Valle Sagrado de los Incas.
Bibliografía:
- Nicolás Pauccar Calcina. Así Habla un Q’ero. 2da ed. Noviembre 2016 Pauccar Editores
- Caroline Myss. Anatomía del Espíritu. Ediciones B, S.A 2006.Editorial Zeta. España.
- Thorwald Dethlefsen y Rudiger Dahlke. La enfermedad como camino. Edición 2016. Penguin Random Hause Grupo Editorial, S.A. Humberto 1. Bs As
- María Luisa Pastorino. La medicina Floral de Edward Bach.4ta ed. 1990. Editorial Club de Estudio. J. Salguero 1449. Bs As.
- Edward Bach. La Curación por las flores. …
- Robert Detzler. Renacer del Alma. Desarrollando tu potencial Cósmico. Edición electrónica.
- Paulo Freire. Pedagogía del Oprimido.3 edición. 4ta reimp.. Bs As. Siglo Veintiuno Editores. 2012.
- Antonio Gramsci. Gli itellettuali e l´organizzazione della cultura.1 ed. Torino. 1975. Editori Riuniti.
- Miguel A. Etchegoyen. Educación y Ciudadanía. 1er ed. Editorial Estella. Bs As 2003
Silvia Noemí Bergandi nació en Buenos Aires el 30 de septiembre de 1977. Madre, docente, buscadora del sentido de la existencia. Formación en educación y DDHH. Terapeuta Floral del sistema Bach. Tanatologa con orientación holística. Caminante de la espiritualidad ancestral.

