¡Bienvenida 2026!

Cultivar un bonsái es cultivar la paciencia y la amistad. Se integran las partes y el todo y se destaca un proceso de labor y amor. El árbol sufre lo menos posible para generar el menor estrés mientras está en su mejor estado. Es cuidado más que cualquier árbol, está contenido en una maceta a través de las podas; está intervenido y ante todo es una de las pocas artes de objeto vivo que hay, un objeto que nunca se finaliza, cuya obra final es su muerte.

Despedimos un 2025 activo, que renovó nuestras preguntas: ¿Es la copa del árbol un proyecto de corazón? ¿Cuál es este corazón? ¿Dónde, cuándo, cómo palpita?

Y también creo que se renueva la pregunta sobre el aspecto grupal o colectivo de la propuesta. ¿Cómo se pasa de lo personal a lo colectivo? ¿Cómo se sostiene algo cuando parece que se cae? ¿Quién, quiénes lo sostienen? ¿Quiénes estamos, quiénes somos? ¿Quiénes lo levantamos? ¿Quiénes nos levantamos?

Muchas gracias por acompañarnos. Por volver a apoyarnos, por seguir creyendo en nosotres. Por hacer el esfuerzo de entender un proyecto por fuera de los tiempos e imperativos de las redes sociales actuales. Y para nosotres, felicitaciones por seguir adelante con los ritmos de nuestro trabajo, nuestros tiempos y necesidades, disfrutando del proceso y llegando al resultado más allá de algunas críticas en momentos donde es tan difícil para muchos trabajar y cultivar por fuera de la vista.

Vamos por un 2026 activo, sigamos abrigando lo difícil, enfocados en lo positivo. Vamos a poder, ya estamos pudiendo. Recibamos lo nuevo, construyamos. Apostemos a los cuerpos, a lo espiritual, a lo intuitivo y no dejemos de lado lo analítico.

Abracémonos.

-La copa del árbol-