Pinturas rupestres

Escritura y curación. Martín Glozman

Alero La sixtina, Catamarca

ESCRITURA Y CURACIÓN

Martín Glozman

Es difícil pensar la escritura más allá de los efectos psicofísicos que produce y de todos los procesos que a partir de ella se realizan. No obstante es notable la tendencia general en las artes modernas de la escritura a desligar ese acontecimiento personal transformador del resultado que se consagra habitualmente en la forma convencional de “literatura” en tanto un objeto cultural con valor autónomo e independiente.

Marco

Esta impronta se explicó por algunas generaciones en la trasmisión de maestros a estudiantes y escritores en la Carrera de Letras entre otros espacios a partir de diversas teorías, entre ellas el Formalismo Ruso, que desarrolló una visión de la lectura textualista en extremo en oposición a un tal Potebnia que en las Academias de ese entonces, allí por la Revolución, venía enseñando la literatura como un conjunto de ideas, mucho más allá de la materialidad de los textos.

Es habitual en prácticas aficionadas de escritura literaria la reflexión sobre la escritura como forma de terapia para procesar lo personal, pero también es posible oír a los escritores profesionales que de ninguna manera lo que hacen es una terapia o una catarsis. En efecto, les escritores son celosos de su trabajo y el campo cultural en el que se han desarrollado sus estudios y sus carreras.

No obstante es evidente y habitual que para preservarnos de algo que rechazamos, por ejemplo un uso que no genera consenso del término terapia en relación a la escritura, generemos una negación y tomemos la posición contraria. Pero esto puede obstaculizar la exploración y el recorrido de aspectos propios de la escritura que en efecto son difíciles de soslayar a su experiencia, que es transformadora, y que contiene una cantidad de procedimientos únicos, que le son justamente específicos, y la hacen única y singular, más allá de las terapias occidentales convencionales, y más allá también de las nociones modernas convenidas de la autonomía de la literatura, que ciertamente, a través de la lectura de la tradición francesa, los argentinos hemos recibido con fervor, muchas veces enriqueciéndonos.

Es notable, veo ahora al escribir, que la teoría psicoanalítica y en particular la lacaniana ha tenido una impronta fuerte en muchas tradiciones de escritura, vale mentar a Germán García y Oscar Masotta, entre tantos más y todos los que de ellos se desprenden. En efecto, las nociones del lenguaje que se han estudiado en Lacan tienen afinidades mutuas, entiendo, con respecto a teorías como la de Michelle Foucault, por ejemplo, en su texto canónico para lo que estamos diciendo, ¿Qué es un autor?, donde aborda la noción de muerte del autor. Un desencadenar postestructuralista de las teorías del textualismo. Es a la vez significativo que su último seminario en el College de France, 1982-1983, El coraje de la verdad (Foucault, 2017) haya estado dedicado tal como él lo enuncia a la relación entre el que habla y lo que dice, en particular al concepto de parrhesía o “decir veraz” que analiza a partir de la filosofía socrática y el cinismo.

Afirmación

Mi propuesta es que sí es posible pensar una noción de terapia e incluso de curación en relación a la escritura. Y que en efecto las teorías textualistas contribuyen al aporte de que escribir es una tarea compleja, con tradiciones específicas, que requiere de entrenamiento, oficio, deseo y vocación. Estudio y transmisión. No es una tarea ingenua, y escribir no es un vómito, aunque pueda discutirse por qué pensar al vómito como algo peyorativo. Pude ver textos que en la escritura se sintieron de esta manera y que mantenían estructura y composición. En la experiencia que algunos escritores iniciáticos que se sueltan a la experiencia de escribir maravillosamente y que sienten como vómito hay una cantidad de recursos complejísimos que se entrenan, se perfeccionan, y que contribuyen en un sentido doble a la construcción de un objeto literario, y al mismo tiempo, a la construcción de un sujeto que escribe, disfruta, aprende y evoluciona. Además que en la expresión libre, hay estructuras de la lengua, la mente y el discurso, sobre las que se puede trabajar y operar. Escribir es un proceso, incluso, un proceso colectivo. Escribimos con lenguaje social, heredado, aprendido en las escuelas y las familias, con historia y significados, y lo que surge de esa instancia que a veces se siente y piensa solitariamente va a recorrer la sociedad nuevamente a través de la publicación, donde adquirirá nuevos significados y valores, a través de una tradición que, es cierto, es basta, compleja, se llama literatura, es abierta y se conforma por campos de tensión y por especialistas de todo tipo y orientaciones. Y todo esto, esta complejidad le es intrínseca a la escritura y a su poder, en uno mismo y en los otros.

Bajtín

Esto parte de la base de una teoría bajtiniana de la polifonía y el diálogo. Bajtín fue un lector consagrado de Fiodor Dostoievski y ciertamente sus teorías sobre el diálogo a partir de la obra del novelista ruso, desarrolladas entre 1921 y 1975, impactaron en algunas tradiciones de la psicología y la medicina en salud mental en Tromso (Noruega) Helsinki (Finlandia), Lovaina (Belgica), entre muchos otros países y regiones. Se trabajó de este modo desde hace muchos años, más de treinta, en el desarrollo de teorías contemporáneas para abordar la psicosis y la esquizofrenia entre otros diagnósticos graves.

Esta disciplina se llama Diálogo Abierto o bien Prácticas Dialógicas (Open dialogue o Dialogical Practices). La teoría dialógica de Bajtín propone que entre el autor y el personaje, y muy especialmente en los casos de literatura autobiográfica, hay una relación ontológica, en la que uno deja una impronta y una huella en el personaje como otro en un sentido bilateral, como parte del proceso creativo. Sus nociones de polifonía, horizontalidad, y la propuesta de que cada personaje en la obra de Dostoievski tiene la última palabra sobre sí mismo, y no puede ser cosificado, permitieron desarrollar bases éticas para el tratamiento de pacientes en la relación clínica.

La polifonía es abierta, más allá de la conclusividad externa, y es dinámica, se haya en movimiento permanente, cada voz es relativa a un contexto y a una multiplicidad de diálogos, procesos que no terminan, en los que estamos y en los que nos entramamos comunitariamente.

Si las teorías textualistas, borraban al autor, la perspectiva dialógica es propensa a una interacción de máscaras y huellas vinculadas con las categorías de persona como una existencia real y material, externa al lenguaje y en diálogo con él, pero como decíamos: dinámica, relacional y en creación permanente.

La creatividad se añade a la actividad estética como un resto mágico en la sincronía entre mente, cuerpo, época, misterio, vida y naturaleza.

Una terapia

Pienso que la modalidad en que puede pensarse como terapia la escritura excede a la vez los marcos específicos de las terapias convencionales que es bueno anclar a su territorio específico, a las que muchos escritores por cierto asistimos. Se realizan allí procesos que se complementan con los de la escritura y no compiten con ellos. Por otro lado, el contrato con el terapeuta implica también un honorario que reconoce y valida una tradición de conocimiento e instituciones y un determinado tiempo asignado en el que se comparte un vínculo que por demás es interesante, que se construye y se cultiva y en el que interviene también la palabra.

Pude ver en la sala de espera de mi propio terapeuta muchas veces fascículos que presentaban la relación entre poetas como Pizarnik y la psicoterapia. Esto me dio mucho para pensar. Me pregunté si hay una característica particular que agrupe a los escritores en tanto pacientes.

Al mismo tiempo siento que la escritura se vincula en su esencia y forma con otras prácticas como por ejemplo el cuidado de las flores en Japón, en un sentido más amplio. Actividades fundadas en las fuentes de la naturaleza que requieren cultivo y armonía, trabajo con las formas y los materiales, e involucran en su proceso una tarea estética. En la tarea estética se pasa incesantemente de lo interno a lo externo cambiando la posición de nuestra mirada. Y ese ejercicio en la armonía y la espiritualidad cultiva el alma y, por qué no, lo entendido a partir de Freud como el inconsciente.

Entiendo la función terapéutica de la escritura en el modo de una ceremonia, una función sagrada. No quiero exagerar con esto, pero más de veinte años de dedicación a la escritura con todos los sacrificios que implica y haber conocido en el camino a tantos otros escritores y colegas que llevan su propio recorrido me enseñó que esto es posible. La experiencia del escritor es compleja, porque pasa de la función del paria al desclasarse de lo que las familias tradicionales esperan de ellos a -si tienen suerte y la vida se los permite- alcanzar una función positiva de construcción conjunta y afirmación y enseñanza.

Vale decir que el tiempo actual es muy propenso para esto por los movimientos colectivos como el feminismo y todo lo que genera en ambos géneros, como las asociaciones de escritores, mencionando en primer lugar a la Unión de escritoras y escritores que defiende y construye legitimidad sobre sus derechos.

Acto

María Zambrano dice al referirse a la Confesión como género literario en su célebre ensayo de 1964: “Porque la Confesión es una acción, la máxima acción que es dado ejecutar con la palabra.” (Zambrano, 2004, p. 31). “Más también se manifiesta en la Confesión el carácter fragmentario de toda vida, el que todo hombre se sienta a sí mismo como trozo incompleto, esbozo nada más; trozo de sí mismo, fragmento. Y al salir, busca abrir sus límites, trasponerlos y encontrar, más allá de ellos, su unidad acabada” (Zambrano, 2004, p.37). Esta unidad se alcanza para la autora española en los otros y a través de los otros. El acto confesional como género literario trasciende la desesperación de la soledad y la fragmentación hacia una comunión con el lector. Es interesante como modelo de reflexión. Refiere a San Agustín, Rousseau, el surrealismo, los poetas malditos, entre otros. La idea es que ese otro es potencial pero que en la literatura como escenario abierto de la cultura se realizan actos a través de las palabras. Complejos, estéticos, no ingenuos, pero sin dudas transmisibles en talleres de escritura y prácticas personales.

“El entrar en la luz, el mostrarse abiertamente de la confesión, es lo que verifica la conversión, lo que hace que nos sintamos desprendidos de aquel que éramos, del traje usado y gastado” “Y todavía por algo más: porque la confesión, al ser leída, obliga al lector a verificarla, le obliga a leer dentro de sí mismo…” (Zambrano, 2004, p.45).

Y en este sentido, retomando la línea de lectura que proponemos, María Zambrano dice: “El arte nacido de tal íntima interioridad encontrará el cauce de su legítima independencia, al no pretender suplantar a la vida real… Arte y vida real se complementan, pues si el arte existe, es porque él nos proporciona algo que las horas cotidianas no nos dan, es porque ofrece lo que el tiempo de la realidad nos niega, es porque la vida lo necesita como agente de una acción que sin él no podría realizar. Entre tantas cosas que los europeos modernos hemos olvidado, se cuenta la función medicinal del arte, su poder de curación casi mágico, su taumaturgia legítima.” (Zambrano, 2004, p.97)

Esto recuenta tantas lecturas que han puesto en relación el poder de contar historias con la curación y con una función ancestral vinculada al fuego, a la noche, y a la transmisión entre generaciones. Puede leerse para esto “El narrador” de Walter Benjamin como texto paradigmático entre muchos otros.

Dice Michel Holroyd: “Al recrear el pasado, estamos invocando la misma magia que invocaban nuestros antecesores con las historias de sus ancestros alrededor de las fogatas bajo los cielos nocturnos. La necesidad de hacer esto, de mantener a la muerte en su lugar, se encuentra en lo profundo de la naturaleza humana… ” (Holroyd, 2011, p.52).

Michel Foucault comenta en el seminario referido anteriormente: “Para que haya parrhesía –decir veraz, decirlo todo- es menester que el sujeto, al decir una verdad que marca su opinión, su pensamiento, su creencia, corra cierto riesgo, un riesgo que concierne a la relación misma que él mantiene con el destinatario de sus palabras… sé perfectamente que al valerme de esta franqueza ignoro lo que se deducirá para mí de las cosas que acabo de decir.” (Foucault, 2017, p. 30)

Esto encierra un contenido poético muy fuerte referido a la posibilidad del escritor frente a su actividad pero se emparenta sin duda alguna con la actividad del paciente en diálogo con su terapeuta.

“…la parrhesía –dice también el filósofo francés- a la vez que se organiza en torno al principio del decir veraz, se encarna ahora en un conjunto de operaciones que permiten a la veridicción inducir en el alma efectos de transformación.” (Foucault, 2017, p.82)

“La operación curativa es como una forma general en la cual Sócrates está contenido, aun cuando, debido a ello sea él mismo quien la lleva adelante.” (Foucault, 2017, p. 125)

Es inevitable pensar en el modo en que los terapeutas y los escritores se involucran en la actividad que propician transformándose ellos mismos también en el proceso que facilitan, que acompañan. Es una propuesta de una sabiduría muy importante que conecta las actividades que estamos pensando. Decir la verdad para Foucault no es referirse a una entelequia inamovible, sino decir lo que no está aún dicho, función que adjudica además al arte moderno. Es situacional por eso.

Alberto Giordano, teórico local ineludible sobre la autobiografía, dice:

“Para sortear los peligros de la objetivación narcisista, hay que asumir los riesgos del acto confesional, recrearse a través de la exploración de algo íntimo sin apariencia ni valores definidos, aventurarse en la propia impersonalidad. Además del coraje necesario para renunciar, en nombre de no se sabe qué, a la placentera aniquilación de toda posibilidad de vida que no se identifique con una disposición personal, el cumplimiento de este acto requiere de una virtud que, sin retroceder ante el equívoco, algunos llaman pudor”. (Giordano, 2008, p. 39)

Su mención a la impersonalidad lo sitúa junto a las lecturas del psicoanálisis que antes mencionábamos, o también postestructuralistas, un poco diferente de lo que pensamos en relación al Coraje de la verdad de Foucault, pero al igual que él, piensa en términos de coraje, de riesgo y de acto. No obstante la idea de impersonalidad resulta ajena. Entiendo en relación a esto, que profundizar en la persona propia trasciende a la persona que realiza el acto y comunica con la persona de todes, pone en relación a lo humano y lo estético, a lo personal como una forma común a todes, y no a un contenido. Es por esto que la cura es colectiva.

Narrar

Entiendo por esto que todo escritor, como dije más arriba, se desclasa, rompe con lo legado, justamente, para elegir explorarlo más de lo habitual, más que sus coetáneos, que sus congéneres. “Cuando en una familia nace un escritor –escribió Phillip Roth- la familia está acabada” -recuerda Michael Holroyd. (Holroyd, 2011, p.120)

El escritor desanda todos los relatos de los que está hecho justamente para poder narrar y no ser narrado. A propósito de un ensayo que envié a Fogwill acerca de estas ideas y a partir de su novela La experiencia sensible él mismo me dijo en un mail: “Escribo para no ser escrito”.

Escribir pone al escritor en un ejercicio que lo trasciende. Narrar es develar los relatos sociales, como en una ceremonia se invita a los lectores u oyentes a participar del acto. Ese acto es personal y colectivo, litúrgico.

Un amigo, escritor y gestor cultural de la zona de Hurlingham, Isaac Castro, me refirió en relación a su historia personal que lo diferenciaban porque él se dedicaba a escribir y leer y no al trabajo físico, como si no alcanzara el mismo nivel de sentido. Dimensioné la pregunta por la utilidad de la literatura. ¿Cuál es su utilidad intrínseca? Luego salí a caminar para pensar en esto y vi a una mujer que vive en la calle llorando, acostada en el suelo de la vereda. Me pregunté si podíamos a través de la proliferación de los relatos contribuir a aliviar el sufrimiento social. Porque siento que la actividad del escritor se conecta profundamente con esa orientación, más allá de toda clase, de toda contradicción. Como un viajero, Isaac, recorrió los relatos que lo transportaron a otras realidades y conoció escritores que a su vez se habían transportado. A mí me pasó –referí- eso mismo pero con el comercio. Lo que no vende tampoco alcanza el mismo estatuto de sentido. Podría pensarse en un escritor que viene de la aristocracia, otro de la cristiandad, otro judío, o experiencias vinculadas a los relaciones de género. Escribir libera y conecta con las fuentes de la vida y tiene una función social. Trasciende la cura, pero la comprende. Una alegría irrefrenable, agua fresca en el medio de la complejidad.

 

 

Referencias

 

Bajtín, Mijail (2008). Estética de la creación verbal. Buenos Aires: Siglo XXI.

Benjamin, Walter (1991). El narrador. Madrid: Taurus. http://cc-catalogo.org/site/pdf/benjamin_el_narrador.pdf

Foucault, Michel (2017). El coraje de la verdad. México D.F: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, Michel.  ¿Qué es un autor?. Buenos Aires: el Seminario.com.ar http://23118.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/musicoterapia/informacion_adicional/311_escuelas_psicologicas/docs/Foucault_Que_autor.pdf

Fogwill, Rodolfo Enrique (2001). La experiencia sensible. Barcelona: Mondadori.

Giordano, Alberto (2008). El giro autobiográfico de la literatura actual. Buenos Aires: Mansalva.

Holroyd, Michael (2011). Cómo se escribe una vida. Buenos Aires: La Bestia Equilátera.

V.V.A.A (1995). Teoría de la literatura de los formalistas rusos. México D.F: Siglo XXI.

Zambrano, María (2004). La confesión: género literario. Madrid: Ciruela.

 


Martín Glozman, escritor, editor, docenteMartín Glozman (Buenos Aires, 1979) es Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires y Magister en Escritura Creativa por la UNTREF. Publicó los libros Salir del Ghetto, Help a mí, No hay cien años y Documento de María. Coordina la Plataforma de difusión y desarrollo de literatura La copa del árbol donde realiza además talleres de escritura creativa. Dicta talleres de escritura académica en la Universidad Nacional General Sarmiento.